Lo que importa sucede una sola vez.
Mi oficio es estar ahí cuando ocurre.
No dirijo ni interrumpo. Observo de cerca, en silencio, hasta que llega lo que nadie ensaya: una mirada, una voz que se quiebra, la primera canción.
Estas son tres de esas veces.
Distintas bodas, distintos años. Son las imágenes que aún me detienen cada vez que vuelvo al archivo.
Más de 120 parejas me han confiado su día, en la Ciudad de México y donde sus planes me lleven. Trabajo con luz natural, sin interrumpir, y acepto solo doce bodas al año para dedicarme por completo a cada una. Entrego entre 400 y 700 imágenes editadas y un libro impreso hecho para durar.
Abrimos la galería y lloramos los dos. Está el día entero ahí, tal como se sintió.
Nunca la vimos trabajar. Luego vimos las fotos y estaba en todas partes.
Acepto solo doce bodas al año, para estar presente en cada una. Escríbanme aunque aún no tengan fecha: les responderé personalmente.